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Love is always patient and kind; it is never jealous, love is never boastful or conceited; it is never rude or selfish; it does not take offense, and is not resentful. Love takes no pleasure in other people's sins but delights in the truth; it is always ready to excuse, to trust, to hope, and to endure whatever comes. Love does not come to an end.


 

LOVE IS

CAPÍTULO 14

LOVE IS ALWAYS READY TO HOPE

(El amor siempre está listo para esperanzarse)



Tu padre Minato pudo convertirse en Hokage porque tenía a tu madre, Kushina y a todo el resto.

Tu sueño es el mismo que el de tu padre, ¿No es así?

Entonces, recuerda.

No es que todos te vayan a reconocer porque te conviertas en Hokage. Aquellos que son reconocidos son los que se convierten en Hokage.

No te olvides, de tus amigos.

Itachi Uchiha

Naruto Capítulo 552 – El Prerrequisito para ser Hokage




Su corazón latía tan fuerte que pensó se le saldría por la boca. Estaba entrenada para soportar situaciones de extrema peligrosidad y riesgo en donde su vida estuviese en peligro, pero nunca nadie la había entrenado, ni si quiera le había dicho, qué se suponía debía hacer ahora que estaba casada.

Se lo preguntó de nuevo a sí misma mientras atravesaba el umbral de la puerta sujeta del brazo de Itachi observando su nuevo hogar en penumbras.

Bueno, de hecho, eso no era enteramente cierto. Sabía qué sucedía la primera noche entre un hombre y una mujer casados, pero no sabía cómo eso debía suceder. Sakura, Ino y Tenten le habían intentado explicar, pero cuando llegaron a la parte en que ella debía desnudarse se sintió tan mortificada, avergonzada y nerviosa que terminó desmayándose. Cuando lograron traerla de vuelta al mundo de la consciencia y le dijeron que no se preocupara porque Itachi también lo estaría, volvieron a perderla.

Había pensando en ello durante todo el viaje al monasterio del País del Fuego y de vuelta, preguntándose si de verdad tendría que hacer algo tan vergonzoso como eso. Hasta ese momento toda la idea de su romance con Itachi había sido completamente espiritual, un proceso en que su alma se había ido apegando a la de su esposo lentamente hasta entender que sin él no estaba completa, pero… ahora era el momento para concretar aquello. La unión física de sus cuerpos, tal como había escuchado al monje que los casó mencionar antes de amarrar los hilos rojos que habían llevado en sus dedos.

Sólo de pensarlo sentía que le faltaba el aire.

Itachi se adelantó a ella subiendo el interruptor de la luz y ambos notaron como se alumbraba la entrada. Se miraron sonrojando e Itachi se agachó para ayudarla a sacarse sus sandalias. No se quejó, después de todo Itachi le había ayudado todo el camino hasta su nuevo hogar con el uchikake (el kimono de matrimonio) que era demasiado largo y había que sostenerlo para poder caminar con él. Aun así, para ser la hija mayor de uno de los hombres más pudientes de Konoha, su uchikake había sido bastante sencillo, siendo el Obi con el símbolo del clan Uchiha lo más ostentoso en toda su vestimenta. Aquello había sido otro gesto de parte de su padre para demostrarle lo decepcionado que se sentía porque se casara con un Uchiha.

– ¿Quieres tomar un poco de té? – La voz de Itachi la sacó de sus pensamientos. No la estaba mirando y aquello la asustó incluso un poco más.

Asintió nerviosa, intentando sonreír mientras él dejaba las sandalias a un costado.

Aun portaba el tradicional watabōshi blanco sobre su cabeza. Su cabellera estaba tomada en un tomate bastante elaborado, lleno de pequeñas horquillas y otras cosas para mantenerlo en su lugar. Le dolía bastante pero en ningún momento se había quejado de ello durante el día.

–Se.. se supone que.. que yo debería servirte a ti. – Dijo Hinata jugando con sus dedos.

Itachi había alcanzado a dar un par de pasos, por lo tanto se dio vuelta y la miró un tanto confundido. – ¿Por qué?

–Porque… pues… yo soy tu e-esposa, debo atenderte como corresponde y…

–Hinata-san, no seremos así, ¿verdad? – Hinata levantó su mirada y lo observó incluso más asustada. – No quisiera que dejaras de ser como normalmente eres sólo porque nos casamos, nada debería cambiar. No quiero que actuemos como lo hacen mis padres… como si mi madre fuera una mucama y entre ellos no se conocieran.

–¿No es.. no es eso lo que se e-espera de una buena esposa? – Preguntó Hinata juntando las cejas. Sus labios se veían extremadamente rojos con el maquillaje que portaba. – Una esposa debe ser obediente y servicial, ¿no?

Itachi suspiró – Mi madre dejó de lado sus labores como kunoichi cuando se casó con mi padre y se dedicó toda su vida a labores del hogar y a criarnos a mi hermano y a mí… pero no sé si eso era lo que ella realmente deseaba o lo que se esperaba de ella al tomar su posición como la esposa del líder del clan Uchiha. – Dio más pasos en su dirección hasta que quedó parado frente a ella. Elevó su mano y la llevó a su rostro acariciándolo con la punta de los dedos. –Yo no deseo eso para ti… no quiero que cambies tu forma de ser. Me enamoré de ti, tal como eres.

–Pero.. Itachi-san yo… a mi me haría muy feliz poder servir el té y hacer todo lo que se espera de una esposa… yo... – Insistió ella entrando en pánico. – Yo quiero complacerte… – Lo último lo dijo casi en un suspiro, algo que preocupó un poco a Itachi.

–Espero que no haya sido mi madre la que te metiera esa idea en la cabeza. – Hinata no sabía qué debía responderle. Su conversación con Mikoto Uchiha aun latía en su mente sobre los deberes y las expectativas de una buena esposa. Itachi la tomó de los hombros mirándola con ternura. – ¿Qué sucede? ¿Estás así sólo por el té? Pensé que si yo lo preparaba te iba a sorprender.

Se tapó el rostro para que Itachi no la viera. Si hasta él dudaba de sus habilidades para preparar algo tan simple como el té, era claro que nadie esperaba que pudiese lograr ser una buena ama de casa. Debió haberse entrenado para ser una excelente esposa con una de las abuelas del clan, pero tuvo tan poco tiempo para ello que prefirió pasar esos días pendiente de la salud de Itachi y ahora no tenía idea de lo que debía hacer.

Hinata respiró profundamente y suspiró. – Voy a ser una esposa terrible.

–Eso no es cierto Hinata-san. – Itachi se hizo una idea de por qué estaba actuando así. Seguramente alguien en su clan le había dicho qué se esperaba de ella ahora o quizás incluso un miembro de su familia. – Somos jóvenes, se supone que no sabemos lo que estamos haciendo. – Hinata retiró sus manos del rostro y lo miró nerviosa. – Yo tampoco sé qué es lo que se supone debo hacer, mi padre no fue el mejor ejemplo para ello. Y sinceramente, no quiero terminar pareciéndome a él o tratándote como él trata a mi madre. – Sonrió intentando que no se mostrara lo nervioso que también se sentía con todo ello. – ¿Por qué no lo preparamos juntos?

Hinata miró hacia un costado y se tapó la boca con el puño. – Está bien.

Itachi tomó de su mano y ambos caminaron hacia la cocina. Su madre le había ayudado los días anteriores a llenarla con lo básico pues de ahora en adelante vivirían ahí. Sin embargo, no tenía idea dónde estaban las cosas. Ambos se miraron suspirando y Hinata entendió que estaba esperando que activara el byakugan para buscar las cosas. Sonrió sintiéndose un poco más en control de la situación y activó su dojutsu sin si quiera moverse o hacer sellos.

–Tercer gabinete de arriba. – Dijo relajando nuevamente la visión.

–Gracias. – Murmuró Itachi caminando hacia la dirección indicada y abriéndolo las puertas de la despensa. Se sorprendió de que hubiese tan pocas cosas dentro y la miró aun más avergonzado. – Deberé ir por abarrotes mañana. Si lo deseas podemos hacer una lista juntos para que pueda ir y comprar lo que vayamos a necesitar…

–Ambos podemos ir… – le respondió Hinata con rapidez. – Debo ir por Tsuki mañana.

–Está bien. – Dijo Itachi, no pensó que aquello fuese algo por lo cual debían comenzar a discutir. – Iremos juntos entonces.

Todo el resto de las cosas de Hinata habían sido puestas en cajas y Tenten la había ayudado a colocarlas dentro de pergaminos con su Jikūkan Ninjutsu. Era sólo cosa de comenzar a retirarlas y ordenarlas. Itachi debía ayudarla con ello, no era demasiado buena cuando se trataba de técnicas de ese tipo y no quería que sus cosas se perdieran en el limbo.

Lo máximo que Hinata realizó fue encender la estufa para calentar un poco de agua. Cuando quiso hacer algo más se dio cuenta que Itachi tenía todo bajo control y parecía de verdad querer hacerle té, como si se hubiese preparado para ese momento. Sonrió divertida, aunque aun nerviosa, y dio un paso atrás con la iniciativa de asistirlo.

Sólo bastó que él empezara a calentar las tazas con agua caliente para que se diera cuenta que nunca sería tan buena como él cuando se trataba de realizar algo, aunque fuese una tarea tan sencilla y común como aquella. Lo observó con una fascinación reverencial preguntándose cómo era posible que hiciera que algo tan ordinario se viese elegante y hermoso. Pero en vez de frustrarse, se sintió privilegiada. Al igual que muchas otras cosas durante su vida, tendría la oportunidad de aprender de él. Podía pedir que le enseñara a mejorar su té, que le dijera cual era el secreto para que se viera tan elegante su movimiento de manos o incluso para lograr que su aroma fuese tan intenso.

Cuando estiró la taza de té hacia ella, no pudo evitar sonrojar… aquel hombre era su esposo, suyo, nadie más lo tendría excepto ella. Aquel pensamiento egoísta la hizo sentirse como una niña pequeña que no quiere compartir un dulce. No debía pensar así, después de todo, Itachi era el quinto Hokage. Le pertenecía a toda la aldea. – Pero su corazón es mío… – pensó sonriendo aún más.

–Gracias. – Dijo tomando la taza con cuidado; dejó que el vapor llegara a su nariz. – Huele muy bien.

–Me alegra que te agrade el olor; el té fue un regalo de mis tíos. – Dijo Itachi mientras se sentaba frente a ella y tomaba un sorbo con calma.

En ese momento, Hinata se dio cuenta que el rostro de Itachi se transformaba lentamente mientras miraba la taza. Su calma tan característica en él se veía quebrada con cada segundo que pasaba mirando el brebaje que había preparado para ambos.

– ¿Qué sucede? – Le preguntó con suavidad, preocupada al verlo mirar su té así.

–No bebas. Esta horrible. – Dijo algo mortificado. – No entiendo, pensé que lo había hecho tal cual lo hace Okaa–san.

Hinata sonrió. – No puede estar tan mal… – Antes de que Itachi la detuviese, la dio un sorbo y también su rostro comenzó a cambiar. Bajó la mirada sorprendida de que aquello tuviese un sabor tan amargo y desagradable. – ¿Ves? Está… está d-delicioso.

–No hay necesidad de que mientas Hinata-san… – Insistió él completamente avergonzado, intentando quitarle la taza.

Sin embargo Hinata fue más rápida y bebió el té de golpe. Itachi era su esposo. No iba a rechazar la primera taza de té que él le ofrecía durante su primera noche de casados. Eso habría sido un augurio de mala suerte para ambos. Cuando tragó subió la mirada hacia el pelinegro que la miraba atónito.

–Realmente no necesitabas hacer eso… – Murmuró mientras sus labios formaban con lentitud una sonrisa.

Hinata intentó recuperar el aire e hizo un esfuerzo sobrehumano por mantener sus gestos impasibles aunque cada uno de los músculos en su cara se quería arrugar en repugnancia. Aún sentía ese amargor en la boca pero suspiró como si hubiese sido delicioso.

Para su propio bien, se dio cuenta que por primera vez desde que lo conocía, Itachi Uchiha había hecho algo mal.

Suspiró con tanto alivio que ni si quiera ella lo creyó del todo. Fue como quitarse un peso de encima que venía carcomiéndole el pecho desde el momento en que se comprometieron. Su esposo, Itachi Uchiha, el quinto Hokage, el genio… no era perfecto. Aunque fuese una sola cosa, algo tan pequeño e insignificante como no saber cómo preparar el té, lo sacaba de la categoría de alguien completamente perfecto. Por lo mismo, ella no tenía que estar todo el tiempo intentando serlo, tal como él había dicho, podían aprender juntos todo ese tema de ser marido y mujer sin la necesidad de ponerse presión extra.

–Estaba delicioso, Itachi-san. – Dijo ella haciendo una leve reverencia. – Pero, mañana yo prepararé el té si no te molesta.

Itachi tuvo que controlarse para no comenzar a reír. – Por favor, nunca me dejes volver a hacerlo. No quiero ser el responsable de enviarte al hospital intoxicada. – Bajó el rostro con una sonrisa melancólica. – Siempre se veía tan fácil cuando Okaa-san lo hacía.

Hinata se acercó levemente hacia él. – Yo puedo enseñarte. No es.. no es tan complicado pero, hay que saber revolverlo bien y… y también calcular la cantidad de matcha que se incluye en el… – Fue entonces que Hinata se dio cuenta de lo cerca que Itachi estaba de ella y la forma en que la miraba mientras hablaba. – en el… – Sus ojos lilas se perdieron en los de Itachi. – en el… – Y cuando la mano de su esposo se posicionó en su cintura tirándola hacia él, perdió completamente el hilo de lo que iba a decir.

–¿En el? – Le preguntó acercándose a sus labios. – ¿En el qué Hinata-san?

–No lo sé… – Respondió con sinceridad mientras Itachi la besaba.

Todo su cuerpo se puso tenso al sentir su tacto.

Las palabras de Ino, Tenten y Sakura llegaron a ella como un balde de agua fría y entendió lo que iba a suceder. Era lo que había estado temiendo todo el día…




Se encontraban reunidas en la casa de Ino, sentadas en el suelo, con mascarillas de barro en el rostro y charlando temas que tanto a la rubia como a la pelirrosa le parecían importantes: por qué Sasuke era un bombón y un imbécil al mismo tiempo.

Ino estaba cepillándole el cabello a Sakura (y le dio más de un tirón cuando la escuchó decir que Sasuke era perfecto) mientras que Tenten intentaba, con torpeza, limarle las uñas a Hinata aduciendo que Sasuke no se comparaba al aire varonil y elegante que desprendía Neji.

¡Te lo digo! – Alegó Tenten. – Sasuke ni si quiera se puede medir con Neji. Todo lo que hace, lo hace perfecto y además es un caballero siempre, sus modales son refinados y llenos de un toque delicado, pero al mismo tiempo masculino… – La chica suspiró y sonrojó.

Pero Neji-kun es tan… tan… – Ino estaba buscando un calificativo para no ofender a Hinata, después de todo eran primos. –…es demasiado distante.

¿Y Sasuke no? – Preguntó Tenten un tanto molesta.

Sasuke-kun no es distante, es misterioso. – Agregó Sakura y tanto ella como Ino suspiraron con sonrisitas de adolescentes enamoradas.

Tenten frunció el ceño, aun no podía creer que alguien en su sano juicio pensara que Sasuke Uchiha era más atractivo que Neji Hyuga. Ella podía admitir que Sasuke era todo un partido, pero no más que Neji.

Creo que ambas están exagerando. – Dijo subiendo sus ojos para mirar a la peliazul. – ¿No lo crees Hina-chan?

Uhmm… yo… – No le gustaba que la metieran en discusiones, sobre todo cuando no tenía mucho que decir al respecto. A sus ojos, Neji era encantador, pero Sasuke también tenía un aire galante en él. No pudo evitar mirar hacia arriba pensando en su respuesta y sonreír. – Los Uchiha tienen un cierto… uhm… encanto que los hace a-atractivos.

Las tres amigas la miraron sorprendida mientras ella se encogía entre sus hombros avergonzada por las miradas. Exhalaron pesadamente al mismo tiempo, entendiendo que el cumplido no iba hacia Sasuke, iba para su novio, Itachi.

Como kunoichis eran pocas las ocasiones en que las cuatro se podían reunir y consentirse a sí mismas de esa forma; Ni si quiera iban en muchas misiones juntas. La formación que les habían dado al graduarse de la academia las había puesto en medio de dos hombres. No sólo eso, por años Sakura e Ino parecían odiarse, Hinata era demasiado tímida si quiera para conversar con ellas y Tenten parecía sólo enfocada en entrenar (no era su culpa, Gai era el maestro más exigente que se podría haber tenido). Sin embargo, aprovechando que Hinata sería la primera de ellas en casarse habían decidido reunirse para celebrar la última noche de soltería de la joven Hyuga. Como mujeres, debían apoyarse las unas a las otras aunque fuera sólo en ese tipo de ocasiones.

Habían querido sacar a Hinata a divertirse, tener una noche de desenfreno y locura, meterse en un problema u dos, olvidarse del decoro, la costumbre y la moral… todo antes de que su compañera se convirtiera en la esposa de Itachi Uchiha. Lamentablemente, nada había resultado como lo habían planeado en un comienzo.

La BBQ estaba cerrada, no las dejaron entrar en una taberna por ser menores de edad y tampoco habían conseguido que alguno de los chicos les hiciera un baile erótico o quisiera participar de sus juegos de solteras.

Shikamaru Nara se había negado rotundamente sin importar lo mucho que Ino amenazó para que lo hiciera. Chouji dijo que prefería morir de hambre antes que ser humillado de esa forma. Sasuke y Naruto dijeron que no, el primero aduciendo que eran unas desfachatadas y que estaban locas si pensaban que él haría algo tan degradante, menos con su futura hermana política; Naruto había dicho que aunque la idea le parecía graciosa y estaba dispuesto a esforzarse porque Hinata-chan se divirtiera su última noche de soltera, le temía demasiado la ira de Itachi como para hacerlo. Pensaron en Sai, pero desde que el chico había calificado a Sakura como una "Fea" y a Ino como "Hermosa", no estaba si quiera considerado para haber estado ahí. Rock Lee estuvo de acuerdo en ello pues pensó sería una buena forma de entrenar y demostrarle a Sakura lo tonificado que era su cuerpo, no obstante cuando Neji escuchó lo que planeaban hacer para Hinata amenazó a Tenten de manera tan tajante, que la chica temió si quiera insistir con el tema. Ino consideró pedírselo a Shisui Uchiha, pero cuando Sakura se enteró dijo que prefería inhalar quita esmalte antes de tener que estar en la misma habitación con él. Por lo tanto, la lista de candidatos se redujo a cero y su despedida de soltera no tendría bailes eróticos ni hombres con poca ropa alrededor de ellas.

Hinata le agradeció a todos los dioses por ello.

Terminaron en una pijamada en la casa de Ino, lo cual parecía apropiado; una última noche en que Hinata pudiese ser sólo una chica más de Konoha antes de que asumiera el rol de una mujer.

Se pusieron ropa extravagante que incluía boas de pluma, lentejuelas y accesorios exagerados. Cantaron karaoke, comieron hasta reventar y finalmente cuando se acercaba la media noche se habían metido en sus pijamas para embellecerse antes de dormir.

Aún no puedo creer que Hinata-san se vaya a casar con Itachi Uchiha. – Dijo Sakura con una sonrisa, pensando para sí misma que tan emocionada se habría encontrado ella si hubiese estado en su posición, sin embargo cuando veía a Hinata parecía más tranquila de lo normal. – ¿No estás nerviosa Hinata-san?

Es cierto, ni si quiera parece como si te fueras a casar mañana. – Añadió Ino mientras le hacía pequeñas trenzas a Sakura. – ¿Por qué no estás volviéndote loca?

Hinata sonrió tiernamente, un tanto avergonzada por lo que iba a decir. – Se que todo saldrá bien.

Ninguna quiso insistir más en el tema, entendiendo que no había más razones que la esperanza de Hinata en que de alguna forma esa era la elección correcta y que por lo mismo, las cosas no podían fallar. Las tres se sintieron un tanto celosas de la seguridad de sus palabras y la confianza que había en su mirada. Se veía tan esperanzada que su vida junto a Itachi estaría llena de felicidad que no pudieron sino sentirse menguadas y hasta nostálgicas de no poder tener esa misma convicción sobre sus propias relaciones con el género masculino.

Eres realmente afortunada Hinata-san. Desde que le dije a Sasuke mis sentimientos, hablamos muy poco. – Agregó Sakura suspirando. – Tal vez no debí decírselo, pero pensé que si él lo sabía, tal vez… comenzaría a tratarme como una mujer y no sólo como su compañera de equipo. Sólo se acerca a mí cuando necesita algo.

Ino y Tenten la miraron rodando los ojos, ambas entendían que Sasuke Uchiha era un sujeto extraño, pero Sakura insistía en permanecer ahí esperando que él estuviese listo para tomarla en serio.

Tal vez Hinata hubiese podido criticar muchas cosas de Sakura Haruno, pero nunca la convicción tenía en sus propios sentimientos. Aquello era una cualidad que la hacía una mujer levemente más fuerte que el resto, pero que al mismo tiempo, la más vulnerable a sufrir y terminar con un corazón roto. Hinata le había dicho en alguna ocasión que dejara que Sasuke Uchiha encontrara su camino y si ambos coincidían era porque estaba destinado a ocurrir, pero ella estaba firme esperando por él, sin importar lo que aquello le hacía a su espíritu.

Para la sorpresa de Hinata, observó en los ojos jade de Sakura Haruno una sombra extraña como si por un instante también ella dudara de lo que realmente sentía. No supo qué le habría pasado los últimos días como para poner en duda sus propios sentimientos, pero debió ser algo muy fuerte para alterar esa firme convicción de que Sasuke y ella eran el uno para el otro. Se sintió esperanzada de que Sakura mirara a su alrededor y viera que el Uchiha no era el único hombre en Konoha, que habían otras personas que la miraban más de lo normal y que inconscientemente, ella miraba de vuelta.

Olvídalo Sakura-san. Hay cientos de chicos en Konoha. – Dijo Tenten sonriendo con gracia y poniendo una mano sobre su hombro. – No lo necesitas, para nada.

Es cierto. – Agregó Ino. – Yo amo a Sasuke-kun, pero hace años desistí en la idea de esperar por él. Estoy segura que vendrá alguien más y me robará el corazón. Tal vez Sai u otro lindo Uchiha como… ¡Shisui-kun! ¡Seríamos cuñadas en algún grado Hinata! – Ino abrazó a la joven Hyuga por los hombros.

¿Shisui? – El rostro de Sakura se descompuso. – ¿Por qué rayos alguien querría ser la esposa de ese cerdo egoísta y arrogante? – Le preguntó con antipatía.

A veces es lindo… – Dijo Ino coquetamente.

¿Lindo? ¿Estás loca?– La increpó Sakura. – Shisui Uchiha le haría un favor a la humanidad si se cubriera de parafina y se prendiera fuego a sí mismo.

Ino la miró de reojo. – ¿Por qué lo detestas? ¿Qué te hizo?

¿Ha..hacerme? – Preguntó Sakura sonrojándose. – ¡Él no me ha hecho nada! Sólo…sólo creo que es… es repulsivo.

Tenten e Ino la miraron con suspicacia, no era normal de Sakura ponerse tan agresiva contra una persona que no fuera Naruto, mucho menos sonrojarse por una simple pregunta. Sin embargo, no era momento para indagar en eso, por lo cual Tenten intentó cambiar el tema percibiendo lo tenso que se ponía el ambiente entre Sakura e Ino.

Oigan chicas, ¿Por qué no le damos sus regalos a Hinata? – Les preguntó animada.

¡Es cierto! ¡Casi lo olvido! – Dijo Ino con entusiasmo.

Hinata miró a Tenten un tanto espantada. – ¿Re-regalos? No había necesidad d-de que…

No te preocupes. – Le dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja. – ¡No te casas todos los días!

Las tres se pusieron de pie y fueron por sus obsequios que mantenían escondidos en diferentes partes de la habitación.

La primera en entregárselo fue Sakura. El presente estaba envuelto en un fino papel blanco y rodeado de un listón rosa. Hinata observó el detalle que había puesto sólo en envolver aquello y se sintió realmente apenada de tener que deshacer todo el trabajo que había realizado en hacer que la presentación fuera tan bella.

Gracias Sakura-san… – Dijo desatando la cinta de seda y desprendiendo el papel con cuidado. Se encontró con una caja de madera y cuando la abrió observó un juego de seis tazas de cerámica con sus respectivos platillos. – Que bonito. Es… es un regalo muy considerado de tu parte. – Le indicó mientras miraba los platos y las tazas de cerámica con flores de cerezo pintadas a mano en ellas. No era un regalo que hubiese esperado obtener de parte de alguien que no consideraba una amiga cercana, pero se sintió realmente enternecida con el gesto de la chica. Tal vez eran más cercanas de lo que Hinata pensaba. – Las.. las apreciaré por siempre.

¡Ahora es mi turno! – Dijo Tenten sacando una cajita envuelta en un fino papel mantequilla de forma mucho menos elaborada que el de Sakura. – ¡Ábrelo Hinata-san!

Hinata volvió a preocuparse de no romper el papel rápidamente. Siempre juntaba los estampados de regalo cuando alguien le hacía un regalo y esa no sería la excepción. Ino y Tenten se quejaron, diciéndole que se apresurara, pero Hinata tomó su tiempo en ello hasta que pudo ver que debajo de todo ese papel, había un sello extraño. Miró a Tenten preguntándole qué era eso con la mirada.

¡Es un talismán del amor! – Dijo con felicidad. – Guarde los pétalos de cien rosas rojas en él. Para cuando, tu sabes… – comenzó a reírse e Ino chocó palmas con ella dándose miradas llenas de complicidad.

¡Nunca se me hubiese ocurrido! – La rubia suspiró. – Que romántico… su primera vez sobre pétalos de rosas.

¿Primera vez sobre pétalos? ¿Son para popurrí o prensado? – Preguntó Hinata extrañada. Cuando las tres la miraron confundida se sintió incluso más avergonzada por ser la única que parecía no entender todo ello. – ¿D-de qué hablan?

Las tres la miraron incrédulas. Nadie podía ser tan inocente.

De tu noche de bodas, claro. – Dijo Tenten subiendo una ceja.

Hinata se puso roja. – ¿Y para qué s-son los pétalos? ¿Para alguna ceremonia?

En cierto sentido se podría decir que sí es una ceremonia… – Comenzó Sakura poniendo una mano en su mentón.

No tonta, para que tú e Itachi se acuesten sobre ellas cuando… bueno tú sabes a lo que me refiero. – Dijo Tenten. Sakura miró hacia un costado algo incómoda e Ino parecía estar soñando despierta. – ¿Sabes a lo que me refiero, verdad? – Le preguntó alarmada.

Hinata Hyuga era una persona muy tímida y bastante inocente en su forma de actuar. No había tenido una presencia femenina en su hogar que le explicara con detalle cuáles eran sus labores como esposa y mucho menos que le dijera lo que se esperaba de ella durante su noche de bodas. Por ello, le costó bastante poder captar las miradas de sus compañeras. No era que no tuviese una curiosidad normal sobre el tema o que no se preguntara sobre él, pero ya que no sabía nada al respecto ni si quiera entendió eso de acostarse pues no asociaba aquel acto a una actividad de carácter erótico.

Sexo Hinata. – Dijo Ino perdiendo un poco la paciencia. – Durante la noche de bodas los recién casados hacen el amor por primera vez… o al menos así era tradicionalmente. – Suspiró nuevamente con ese aire de ensueño.

Ino se consideraba una persona romántica. En más de una ocasión se había encontrado a sí misma deseando poder leer un Icha Icha y finalmente a los quince años había comprado uno de los volúmenes. De él había aprendido todo lo relacionado a las relaciones entre un hombre y una mujer y aunque distaba de la realidad en muchos sentidos, se sentía constantemente en un cuento de hadas con geishas, kunoichis y princesas siendo rescatadas por apuestos shinobis. Mantenía el libro escondido bajo su almohada y lo leía a escondidas, siempre imaginándose a sí misma como la protagonista de una de aquellas novelas y a Sasuke Uchiha como aquel que debía rescatarla. De vez en cuando su imaginación agregaba a Neji Hyuga, Itachi Uchiha, Sai, incluso a Shisui y Kakashi… en un harem a su disposición. Sonrió con astucia pensando en ello. Por lo mismo, hablar sobre sexo a pesar de que la cohibía ínfimamente, no se le hacía problemático. Se sentía bastante segura del tema y en los hechos debió haber sabido incluso más que Sakura o Tenten al respecto.

Sin embargo, Hinata comenzó a hiperventilar cuando escuchó aquello de forma tan directa. Ni si quiera había pensando en lo que Ino le estaba diciendo.

Había estado todos esos días en el hospital con Itachi, cuidando de él y compartiendo el tiempo juntos en el patio del recinto cuando Tsunade lo dejaba salir. Le pelaba manzanas y se las daba, lo ayudaba a pararse cuando necesitaba ir al baño, y en más de una ocasión se dedicó a leerle cuentos un tanto infantiles para matar el tiempo. Itachi se quedaba escuchándola en silencio y mirándola hasta que la hacía enrojecer. Cuando el horario de visitas terminaba se dedicaba a entrenar a Tsuki o se juntaba con Kiba y Shino a ejercitar.

Esos últimos días había estado dedicada a temas de su boda, midiéndose para la confección de su kimono, pasando por una serie de rituales de purificación y empacando sus cosas para llevarlas a la casa en que ella y su marido vivirían. Todo eso sin mencionar que tan sólo dos días atrás había asistido a la ceremonia de investidura de Itachi como el quinto Hokage. Como su novia, había estado presente en una fiesta que sus padres hicieron en su honor en la cual aprendió a cocinar el repollo tal como le gustaba al pelinegro, Mikoto Uchiha se lo había enseñado.

No, no había tenido tiempo para pensar en ello y las consecuencias de lo que significaba ser la esposa de alguien. Hasta entonces sólo se había preocupado de estar ahí para él en aquellos días en que pareció necesitarla más que nunca.

No creo que… que sea apropiado hablar... hablar de esto… – Se puso tan roja que tuvieron que abanicarla con las manos.

¡Vamos Hina-chan, no es para tanto! – Dijo Ino un tanto extrañada.

Pe..pero… – comenzó intentando hacerlas parar.

Es cierto Hinata-san. – Dijo Sakura. – Es algo completamente natural entre dos personas que se sienten… – Hizo una pausa y una mueca apareció en su rostro. –… que se sienten atraídas una a la otra… de lo contrario no podrían tener hijos. De esa forma se embaraza una mujer. Verás, cuando un óvulo sano desciende por las trompas de falopio…

¡A nadie le interesa esa charla médica! – Dijo Tenten con rapidez. Las cuatro se quedaron en silencio. – ¿Alguien aquí alguna vez ha…?

No. – Respondió Sakura demasiado rápido.

Me gustaría decir que sí, pero no. – Se quejó Ino en un suspiro. – Aunque supongo que no hay mucha ciencia sobre eso.

¿Por qué? – Hinata comenzó a sentir curiosidad, si estaba a tan pocos días de tener que hacer eso, entonces era aconsejable que intentara escuchar todos los consejos posibles de parte de sus amigas.

Bueno, es así. – Puso cara muy seria y levantó su dedo índice. Estaba segura que todo ocurría tal como lo había leído en el Icha Icha Paradise. – El hombre besa a la mujer apasionadamente, luego la toma por la cintura y ella arquea su espalda hacia atrás en donde se dan un beso largo y apasionado. Luego, la empuja hacia él… y cuando la ropa empieza a desprenderse y ella queda desnuda…

¿Des..desnu…? – Y fue entonces que Hinata se desmayó.

Sakura y Tenten se abalanzaron sobre ella sacudiéndola e intentando hacerla despertar, mientras Ino frunció las cejas. – ¡Ni si quiera abrió mi regalo y se desmayó! ¡Yo le compré lencería comestible! – Sakura y Tenten la miraron como si estuviese loca. – ¡Es para su noche de bodas! ¡A los hombres les gusta que sus virginales novias luzcan un poco más sexys de lo normal ese día! – Dijo la rubia defendiéndose mientras intentaban reanimar a la joven.






Sus labios sobre los de Hinata eran demandantes, como si estuviese cobrándole todas las veces en que al besarla se había contenido para no dejarse llevar. No había motivos ahora para controlarse, frenarse o ponerse algún tipo de límites. Hinata era suya ante los ojos de los dioses, de los hombres y de los shinobi.

Y él era de ella.

Era curioso lo que alguien tan dulce como Hinata podía despertar en él, desde una ternura que lo refrescaba y calmaba como si fuese agua, a esa sensación que se esparcía por su cuerpo quemándolo como si se tratara de fuego. La dualidad lo confundía, pero no quería detenerse para sobre analizar lo que estaba experimentando. Se estaba dejando llevar, permitiendo que todo se volviese nebuloso en su mente y que su razonamiento se apagara con una velocidad que no creyó posible, al menos no en alguien tan analítico como él.

Apenas se separaron para respirar se encontró con sus ojos. El gesto en ellos lo hizo detenerse y volver a la realidad. Lo miraba confundida, petrificada y hasta con un atisbo de miedo. Sus labios estaban temblando y también lo hacían sus cejas. Pudo comprenderla mientras recuperaba el aire; entendía de dónde provenían todas esas emociones que la hacían lucir completamente vulnerable frente a él.

Aquello era algo completamente nuevo en sus vidas. Se trataba de una sensación que no habían experimentado antes y supuso que era normal sentirse confundidos porque hubiese algo lo suficientemente fuerte como para hacer que todo lo demás perdiera importancia y que se encontrara sentido sólo en la urgencia de besarse el uno al otro.

Se quedaron así, mirándose a los ojos por un espacio de tiempo que pareció interminable. El nerviosismo se apoderó de ambos e Itachi sintió un escalofrío recorrerle el estómago. También estaba confundido por la oleada de sensaciones que estaba experimentando y cuando notó que Hinata movía su mirada hacia un costado huyendo de sus ojos se sintió perdido.

Fue entonces que tuvo la certeza de que no estaba solo en ello. Si él no entendía lo que le sucedía, era normal que ella estuviese en la misma situación o incluso peor, pues Hinata era una chica tímida a la cual le costaba exteriorizar lo que había en su corazón. Se comunicaba a base de sonrisas, suspiros y miradas… aprender que había más formas de expresar lo que sentía por alguien le debió haber parecido extenuante.

Sin pensarlo dos veces, movió lentamente una de sus manos hasta el rostro de Hinata y comenzó a acariciarla notando el talco que adornaba sus mejillas. Sus ojos estaban perfectamente delineados de negro y sus gruesas pestañas lucían más encrespadas de lo normal. El labial rojo sobre sus labios se habían esparcido alrededor de su piel por la intensidad de su beso e imaginó que gran parte de éste estaría en su propia cara.

Ni si quiera pestañó mientras la observaba y su tacto logró que Hinata volviera a enfocarse en sus ojos. Aquello lo hizo sentirse calmado de inmediato, suspirando de alivio al verla ahí frente a él. No quería perderse un sólo detalle en ella, pues sabía que aquel momento quedaría impreso en su memoria. Tenerla así contra él era pago suficiente por todo el dolor que había tenido que soportar en su vida. Cada paso que había dado lo había llevado un poco más cerca de ella y por lo mismo, había valido la pena todo el sufrimiento y angustia que a través de los años había llevado sobre sus hombros.

En la mente de Itachi, ese era un momento especial, de aquellos que definen la vida de un hombre. Sentía la extraña urgencia de tenerla cerca, abrazarla y tocarla cuando ella lo miraba de esa forma. No era sólo porque la tradición mandaba y le daba el derecho a tomar la virginidad de su esposa o porque aquella fuese la ocasión en que debía consumar oficialmente su matrimonio. Era mucho más que eso… Se sentía feliz y hasta emocionado porque podría compartir con Hinata el momento más íntimo y cercano que dos personas pueden experimentar juntas; si había alguien con quien quería unir su alma aunque fuera momentáneamente, era con ella. Supuso, que ese era el motivo por el cual hombres siglos antes que él, habían llamado a aquel acto… hacer el amor. Era la manifestación física de lo que sentían dos corazones unidos para siempre.

La esperó pacientemente en el silencio de la noche. Esperó que su sonrojo desapareciera debajo de ese talco fragante, que sus labios dejaran de tiritar y que sus manos se quedaran inmóviles. Podía ver como el pecho de su esposa subía y bajaba con nerviosismo. La entendía a la perfección, pues podía percibir que sus propias manos temblaban mientras le acariciaba el rostro.

Fue entonces que para su sorpresa y alivio, Hinata eliminó la distancia entre ellos. Sus manos subieron lenta y torpemente por su pecho, rozaron su cuello y se detuvieron con delicadeza sobre sus mejillas. Con la suavidad que la caracterizaba, se puso de puntillas y lo besó.

Fue el mejor momento de su vida.

Con un gesto tan simple y sutil como ese, Hinata le decía que también lo deseaba aunque estuviese asustada, nerviosa y cohibida. Las dudas en ella se habían disipado; ella lo estaba besando a él, ella lo buscaba a él, ella quería entregarse a él. Aquello le daba la suficiente seguridad de que no era el único que estaba experimentando todas esas sensaciones y que ambos estaban en el mismo lugar.

Apenas Hinata rompió el beso llevó un brazo al reverso de sus muslos y la levantó del suelo. La joven se sostuvo en él, besándolo mientras caminaban sin ver realmente donde iban. Itachi se guió por su sentido de la orientación y el hecho de que había sido él quien diseñó la casa. Atravesaron juntos los pasillos interiores de su hogar, sólo acompañados por los sonidos húmedos de los besos que se daban el uno al otro.

Finalmente atravesaron el umbral de una de las puertas en el pasillo y se adentraron en la sencilla habitación. No había nada excepto el futón en medio del cuarto; todo lo demás estaba vacío como un lienzo en blanco en dónde ambos comenzarían a escribir sus vidas comenzando esa noche.

Itachi se arrodilló con cuidado y depositó a Hinata sobre éste sin perder en ningún momento el contacto con sus labios. Con algo de torpeza comenzó a retirarle las horquillas que ajustaban el watabōshi. Las manos de Itachi, expertas en lanzar kunais con una precisión quirúrgica, le resultaron pesadas, lentas y tardías en ese momento. Hinata estaba temblando pero no hacía gesto de oponerse a que él le sacara su velo de novia. Sintió su lengua introducirse en su boca al mismo tiempo en que desprendía el watabōshi. El sabor amargo del té lo hizo sentirse embriago y recordar una vez más por qué la amaba con esa intensidad.

Se reclinó sobre ella, recostándose ambos sobre el colchón en el suelo. Instintivamente presionó su cuerpo contra el de Hinata y acunó su cintura de forma posesiva. Escuchó un suspiro de sorpresa de parte de la joven y se mordió los labios intentando controlar lo que aquel sonido había provocado en él. Podía sentir como todo su cuerpo reaccionaba a cada uno de los gestos de la peliazul.

Sus manos se dirigieron a desatar el nudo con el que el obi se mantenía en su lugar alrededor de la cintura de Hinata. El temblor en ella se hizo más obvio y rompió el beso para poder recuperar el aliento; hasta su respiración salía entrecortada. Itachi besó sus mejillas con rapidez repetidamente y ella bajó sus manos para abrazarlo. Podía sentir su aliento chocando contra su piel mientras respiraban con dificultad. No quebraron sus miradas mientras se intentaban incorporar de la intensidad de aquella situación, dando por sentado que no iban a detenerse.

No se dijeron nada. No había necesidad de preguntas, ni cuestionamiento sobre si estaban listos para ese momento. El instinto estaba entrando en escena, la razón, la vergüenza y el recato parecían haberse vuelto sólo un recuerdo de los días de infancia.

Se desvistieron el uno al otro con una prisa inusual, como cuando un niño tira de una bandita de golpe para que no le duela retirarla de a poco. Las prendas que mantenían sus tradicionales kimonos en su lugar fueron esparcidas lenta y torpemente por la habitación mientras ambos sonrojaban, más por su inexperiencia en desvestirse que por el hecho de estarse desnudando uno frente al otro.

Itachi quiso gritarle a la persona que había puesto a Hinata bajo todas esas capas de tela. Era la primera vez que si quiera se daba cuenta de todo el problema que una chica debía pasar para vestirse de forma tan elegante. Admiró al género femenino aún más por pasar por semejante tortura.

Cuando finalmente se deshizo de las prendas de seda y algodón, lo que quedó abajo fue una extensión de piel blanca que apenas podía distinguir en la oscuridad. Se tomó un instante para observarla y percibió que Hinata se empequeñecía hundiéndose en su propia timidez. La joven cerró los ojos con fuerza e Itachi comprendió que aquello la avergonzaba.

Sonrió.

Aquella mujer frente a él era su esposa. Esa persona que se encontraba con él en ese momento estaría con él el resto de su vida y ello lo hacía realmente feliz.

Separó su pecho de su cuerpo y se afirmó con los codos en el futón, acariciándole el rostro con el dorso de su mano. Hinata exhaló con nerviosismo al sentirlo.

–Eres hermosa. – Le dijo con suavidad.

La joven abrió lentamente los ojos, incrédula ante sus palabras.

Itachi creyó en ese momento que era el hombre más afortunado del mundo. Para él, ella era bella sin la necesidad de estar portando todas esas vestimentas que habían sido finamente seleccionadas para la ocasión. A sus ojos ella habría sido hermosa luciese como luciese. No era su aspecto ni su físico lo que lo había hecho enamorarse de ella, era esa calidez que desprendía en la dulzura de sus palabras, en su mirada suave, en la gentileza de su tacto, en la forma en que sus mejillas se enrojecían cuando algo la avergonzaba. Se había enamorado de la forma en que en silencio lograba comprenderlo sin tener que empujarlo a hablarle, sin conocer prácticamente nada de él. Ya nunca más se sentiría solo, pues sin importar que tan mal se pusieran las cosas, sabía que ella estaría junto a él al final del día. Había encontrado a su pareja, a la persona que estaba destinada a permanecer con él hasta que la muerte los obligara a separarse.

Una vez más se dio cuenta que ella lo desarmaba y tuvo que controlarse para no perder el aliento.

– Eres lo más hermoso que he visto en mi vida, Hinata…

–¿Lo.. lo dices en serio? – Le preguntó ella frunciendo los labios, la podía sentir temblando bajo él.

–No te mentiría sobre algo así. – Le respondió besando la punta de su nariz. – Estás temblando… ¿Estás bien?

Hinata tomó aliento y lo miró preocupada. – Yo nunca he… no sé cómo… cómo hacer esto… – Dijo respirando con velocidad.

–Ni yo… – Respondió Itachi sintiendo un escalofrío al apegar su cuerpo al de ella. Cerró los ojos y lentamente recorrió con la punta de sus dedos el cuello de su mujer hasta perderse en sus hombros. Le agradaba su piel, era suave, delicada, tibia y agradable. – Pero… podemos aprender juntos.

Sus yemas siguieron bajando y delineado la figura de sus brazos. Sus labios besaron con suavidad su cuello por unos instantes hasta que sus dedos llegaron a la mano de Hinata. La podía sentir respirando fuertemente por el tacto de su boca y pensó que tal vez, aquello le agradase. Siguió haciéndolo con cuidado, hasta que Hinata apretó su mano con fuerza.

Subió el rostro y la observó nuevamente, apreciando como sus gestos se descomponían por la intensidad de lo que sentía. Cerró los ojos y se inclinó hacia sus labios para besarla. Aquello se había vuelto algo que le agradaba hacer y que lo hacía sentir cosquillas en su estómago.

La idea de que ambos estuviesen desnudos y en una posición tan vergonzosa lo apenaba. Había estado intentando mantener la calma todo ese tiempo evitando si quiera tocar el tema de dormir o cualquier cosa que tuviese relación con acostarse, juntos. Lo había llevado más allá cuando le ofreció tomar té esperando así poder ganar un poco de tiempo para dilatar lo inevitable y prepararse al menos mentalmente para soportar toda la vergüenza que sentía. Había estado pensando en formas de dirigirse a ella y decirle que prefería esperar para que ambos se involucraran de esa manera, o que estuviesen más acostumbrados a estar uno cerca del otro sin las cohibiciones y vergüenzas de dos personas que nunca han vivido juntas. Pensó en la forma de hablarle sobre el tema y así asegurarle que no se había casado con ella sólo porque deseara contacto físico ilimitado entre ambos, sino porque realmente estaba perdidamente enamorado de Hinata.

Sin embargo, a pesar de que estaba nervioso, toda esa vergüenza se había desvanecido. La joven le daba la suficiente confianza para estar ahí y no arrepentirse de lo que hacían, más bien, asegurarle que era lo correcto. Sus movimientos gentiles, sus manos curiosas y sus suspiros prolongados eran indicio de que aquello no era errado, sino lo correcto. Eran esas las señales sutiles que le daba el cuerpo de Hinata para saber que estaba lista para aquello, tanto física como emocionalmente.

Se recostó completamente sobre ella manteniendo los ojos cerrados. Ya no había vuelta atrás, y aunque la hubiese, no estaba seguro de que tenía la fuerza de voluntad para haberse separado de ella en ese instante. El roce de su pecho con los senos desnudos de su esposa lo hicieron estremecerse mientras se acomodaba sobre su cuerpo. Se distanció de sus labios y afirmó su frente contra la suya. Era mucho más alto que la joven y sus cuerpos no encajaban realmente.

Eso no pareció importar cuando percibió que Hinata estaba separando sus piernas, acoplando sus cuerpos de una forma casi perfecta. Nunca se hubiese imaginado que se sentiría tan natural estar así con alguien más. Era como si sus extremidades hubiesen sido creadas para estar en esa posición y aquello fuese su único fin.

Su corazón se saltó un latido ante la sorpresa de que ella hiciera algo así.

Su corazón se saltó un segundo latido cuando sintió su sexo rozando con el de ella.

No esperó esa sensación eléctrica que recorrió su vientre. Curiosamente, quien comenzó a temblar en ese momento fue él.

Necesitaba afirmarse de algo o desfallecería, por lo que apretó la mano de Hinata buscándola en la oscuridad. Escuchó a su esposa quejarse por lo bajo, pero lo interpretó también como un signo de sorpresa por lo que estaban experimentando. Presionó su cuerpo contra el de ella con más fuerza y empujó sus caderas contra su centro; deseaba escucharla gemir una vez más contra sus labios. El sonido que emitió fue más intenso y prolongado haciendo que su sexo palpitara por ella.

No pudo hacer más que ahogar un gemido mientras volvía a besarla con ansiedad. Hinata enterró las yemas de sus dedos en la espalda de Itachi y aquello de alguna forma extraña logró excitarlo aun más.

Con sus manos entrelazadas y mirándola a los ojos en la oscuridad, entró en ella con lentitud.

Contempló embelesado como se descomponía su rostro cuando su erección rozó los pliegues de su centro. Lucía sorprendida pero no asustada. Había confianza en sus ojos y templanza en sus gestos. Sólo con su mirada le decía que confiaba en él aunque aquello parecía estarla lastimando.

Hinata apretó su mano con fuerza.

– ¿Estás bien? – Le preguntó en un suave murmullo.

Ella asintió sin palabras y le sonrió con ternura. Se sintió aliviado de ver ese gesto en ella en un momento tan erótico como aquel, comprendiendo que lo que sentían emocionalmente el uno por el otro, se balanceaba a la perfección con el deseo natural e instintivo que estaban experimentando. Eran afortunados por ello y él lo sabía. La besó nuevamente con lentitud sin mover sus caderas, sólo permaneciendo dentro de ella, inmortalizando aquel momento en su memoria. No quería olvidarlo jamás.

Sus cuerpos eran uno sólo.

Itachi intentó recuperar el aliento y afirmó su frente con la de ella despegando las hebras de cabello que se habían escapado de su tradicional peinado. La respiración apresurada de Hinata y la forma en que movía su pecho de arriba a abajo consumía lentamente sus pensamientos.

Comenzó a retirar su cadera con suavidad y entró en ella nuevamente. El gemido esta vez fue más notorio y la mano que permanecía entrelazada con la suya volvió a cerrarse con fuerza. No obstante, eso no lo detuvo esta vez.

Si alguien le hubiese preguntando qué sentía no habría podido contestar con palabras pues lo que experimentaba iba más allá de ello; Escalofríos le recorrían el cuerpo al percibir como el interior de Hinata se contraía al recibirlo en ella. El vaivén de sus caderas se mantuvo lento, pero con el transcurso de los segundos hasta mantener aquel ritmo se le empezó a hacer difícil por la forma en que su cuerpo estaba reaccionando, por los gemidos contenidos y las yemas que presionaban su espalda. Había pensando que por ser mayor que ella estaba preparado para ese momento, pero se dio cuenta que no era así; las emociones y sensaciones que recorrían su cuerpo eran totalmente inesperadas para alguien como él que no se dejaba llevar por el instinto ni la suerte.

El roce era placentero, inesperadamente placentero. Su respiración se comenzó a desestabilizar y pudo notar como sus manos comenzaban a estremecerse sin saber donde podría afirmarse para soportar aquello.

Los muslos de Hinata se apretaron con fuerza contra sus caderas y aquello lo descolocó tanto que se le comenzó a hacer difícil mantener su delicadeza, apresurando levemente el movimiento que los mantenía unidos. La imperiosa necesidad de dejarse llevar por lo que su cuerpo demandaba era insoportable y fue más difícil de sobrellevar que cualquier otra situación en su vida. Podía sentir que estaba sudando por el nerviosismo y el esfuerzo físico de mantenerse así… y él no sudaba, ni si quiera en batalla.

Sin embargo, no era sólo Itachi quien estaba transpirando y jadeando. Las palmas de Hinata estaban sudorosas y su feminidad se volvía mucho más accesible producto de una fina humedad que aparecía en él. Aquello hizo que todo el roce se volviera incluso más excitante y comenzó a morderse los labios.

–Itachi… – Cuando escuchó su nombre una nueva carga eléctrica invadió sus entrañas. – Itachi…

Abrió sus ojos para no perderse su expresión y encontró a Hinata observándolo con una intensidad que hasta ese entonces no conocía en una mescla de dolor, cansancio y placer. Se sintió inmediatamente hipnotizado por el gesto en su rostro, fascinado por la forma en que su mujer lo llamaba en la oscuridad. Inconscientemente la velocidad con que la penetraba aumentó. La idea de que era suya y siempre sería así lo hizo perderse completamente en el instinto posesivo de tenerla.

Cuando sintió la espalda de Hinata arquearse hacia adelante, empujando su cadera contra él pensó que iba a perder el control de sí mismo. La besó con desesperación, apretando sus labios mientras sus respiraciones chocaban. Se perdió en la sensación, en el cuerpo de Hinata, en su voz llamándolo, en sus muslos que lo apretaban, en los gemidos, en sus caderas demandantes, en su mano apretando la suya, en la forma en que su pecho se descontrolaba, en el sonido de su propio corazón y en los escalofríos que recorrían su cuerpo.

La penetró con rapidez, entrando y saliendo de ella con facilidad por lo húmeda que se encontraba. No esperó que fuera tan cómodo hacer el amor con su esposa por primera vez ni tampoco que esa vergüenza que los había estado ahogando todo el día desapareciera con tanta facilidad. Sus cuerpos sudorosos se contorneaban aun más con cada segundo que pasaba, manteniendo la intensidad con que entraba en su cuerpo.

Sin previo aviso, todo su vientre se tensó. El quejido traicionero que salió de sus labios le indicaba que no iba a durar mucho tiempo de esa forma. – Hi..Hinata… – Susurró llamándola, buscándola, pidiéndole que estuviese con él en ese momento.

No imaginó que hubiese una sensación como aquella mientras terminaba en su interior, sintiendo una a una las ondas que se esparcían por su cuerpo como si hubiese recibido un choque eléctrico. Un celestial choque eléctrico. Se aferró a ella como si su vida hubiese dependido de eso, murmurando su nombre una y otra vez mientras derramaba su semilla en su interior.

Cayó rendido e inerte sobre ella, completamente exhausto. Su respiración se le hacía difícil de controlar, su vientre estaba tiritando y sus manos habían perdido sensibilidad por algún motivo. Colocó su mejilla contra uno de los senos de Hinata y descansó sobre su pecho, completamente descompuesto y vulnerable. Si alguien lo hubiese atacado en ese momento, habría muerto sin duda.

Estaba temblando aún, desconcertado por todo el cúmulo de sensaciones que recorrían su cuerpo. Ni si quiera podía respirar. Una cálida sensación lo embargó cuando percibió uno de los brazos de Hinata rodeando su cintura y acariciando su espalda. Ese pequeño gesto lo hizo sentirse seguro y protegido, y sobre todo…

–Te amo… Hinata. – Susurró con dificultad. – No sabes cuánto… cuánto te amo.

–Yo también te amo. – Le dijo de vuelta sin titubeos en su voz. – Te amo, Itachi Uchiha.

Ninguno se dio cuenta que esa fue la primera vez que lo decían en voz alta.



La portada fue hecha por :iconsenzamore: como regalo! :) Si alguien quiere hacerme la portada del capitulo 15 y 16 obviamente lo agradeceria xDD

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Hola! :D Muchas gracias por leerme y sobre todo sus mensajes de apoyo con esta historia. Espero que haya sido de su agrado este antepenúltimo capitulo de Love Is. Me cuesta bastante escribir este tipo de cosas, sobre todo cuando no se hace con el fin de transmitir lujuria, sino más bien erotismo y amor.

Quedan dos capítulos. Que tristeza.

Espero que pueda finalizar de bonita forma este fic, teniendo presente que lo principal era demostrar el camino de dos personas enamorándose una de la otra, transmitiendo lo que yo considero es "amor" en todas sus fases y formas.

Un beso! No sé cuando vuelva a actualizar, seguramente el fin de semana. Todos los comentarios se agradecen y se aprecian =)

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:iconpervyhinataplz: :iconpervyitachiplz:

Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto :iconmasashikishimoto:
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:iconkatias345:
katias345 Featured By Owner Nov 14, 2012
owó me gustaria saber que hicieron shusui y sakura XD
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:iconkatias345:
katias345 Featured By Owner Nov 14, 2012
shisui XD
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:iconlucy-damien998:
Lucy-Damien998 Featured By Owner Aug 22, 2012  Student Traditional Artist
kyaaaaa esta genial
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:iconsasha545:
Sasha545 Featured By Owner Aug 22, 2012  Hobbyist Artist
Gracias
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:iconmarielik:
marielik Featured By Owner Aug 21, 2012
o_O asi quede jajaja wow Uchiha Itachi !! en esa situacion y Hinata me hubiese gustado que tambien agregaras setimientos se Hina jaja pero es perfecto esta buenisimo :D jejeje ¬_¬ mas que buenisimo jejeje gracias por subirlo!!
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:iconsasha545:
Sasha545 Featured By Owner Aug 21, 2012  Hobbyist Artist
Muchas gracias a ti por leerlo ^^ :heart:
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:iconmarielik:
marielik Featured By Owner Aug 21, 2012
jejeje tu fiel admiradora :D :love: y super seguidora de tus lindas obras!!
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:iconhinataslade:
HinataSlade Featured By Owner Aug 21, 2012  Student General Artist
^^ super lindo como siempre XD (te admiro Sasha-san XD) tienes muco talento linda sige asi
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:iconsasha545:
Sasha545 Featured By Owner Aug 21, 2012  Hobbyist Artist
Muchas gracias Hinatita :heart:
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:iconhinataslade:
HinataSlade Featured By Owner Aug 22, 2012  Student General Artist
de nada :3
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