Love is always patient and kind; it is never jealous, love is never boastful or conceited; it is never rude or selfish; it does not take offense, and is not resentful. Love takes no pleasure in other people's sins but delights in the truth; it is always ready to excuse, to trust, to hope, and to endure whatever comes. Love does not come to an end.
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LOVE IS
CAPÍTULO 16
LOVE DOES NOT COME TO AN END
(El amor no termina)
Parte 1
Es por ello que finalmente diré lo que realmente pienso.
No tienes que perdonarme.
No importa lo que decidas hacer de ahora en adelante… te amaré por siempre.
Itachi Uchiha — Naruto 590, Te amaré por Siempre.
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—I..Itachi-san… — Hinata murmuró bajando la mirada. Itachi tenía sus ojos rojos fijos en su vientre. — Aún… aún no se puede ver. Es muy pequeño.
El Uchiha frunció el ceño, pero no sacó la mirada de su abdomen.
Hinata comenzaba a sentirse avergonzada y sus mejillas lo evidenciaban con un suave rubor. Llevaba parada frente a él alrededor de tres minutos.
No comprendía del todo la razón por la cual parecía tan enfocado en todo ese asunto. En primer lugar, se había empecinado en leer sobre el embarazo. De hecho, había memorizado todo texto de la biblioteca de Konoha que hablara sobre el tema. Como si eso fuera poco, Sakura le había comentado que Itachi había estado interrogando a Tsunade sobre el asunto llegando a poner incómoda a la mujer. Mikoto Uchiha le había mencionado que su hijo mayor había pasado a la residencia de los Uchiha haciéndole todo tipo de preguntas sobre el embarazo y que hasta ella se había sentido intimidada por su seriedad.
Lo único que podía concluir Hinata era que Itachi quería ser parte de todo ese proceso y le costaba aceptar que lo único que podía hacer era observar y esperar.
—Mi sharingan debería poder notar su chakra. — Dijo algo frustrado.
—Por ahora se está alimentando de mi chakra, por eso no lo puedes ver. — le indicó Hinata aguantando una sonrisa.
Nunca había visto a Itachi actuando de ese modo. No pudo evitar pensar si ese era un rasgo familiar que sus hijos heredarían. Sasuke era obsesivo, lo sabía pues habían sido compañeros en la Academia; sin embargo, era la primera vez que veía esa faceta en Itachi. A diferencia de su hermano, él era calmado y tranquilo, siempre observante y a la espera. Verlo tan ansioso por algo era extraño.
Después de otro minuto sin palabras, Itachi suspiró y se paró derecho. Sus ojos volvieron a su normalidad y aunque se veía levemente desilusionado, también había una sonrisa de añoranza en él.
— Al menos pude escuchar su corazón. — Dijo mientras se sentaba en la cama y comenzaba a cepillar su cabellera mojada. — Es rápido.
Hinata se sentó a su lado y retiró la toalla que envolvía su cabeza.
— ¿Cómo pudiste escucharlo Itachi-san? — Preguntó sorprendida.
—Tengo muy buen oído. — Dijo levantando el dedo índice, en un juego casi infantil.
Hinata bajó la toalla, se dio la vuelta y en un acto reflejo Itachi se volteó hacia ella. Era el turno para que Itachi cepillara su cabello. Lo venían haciendo hace algunos días ya; se cepillaban el pelo después de la ducha o se turnaban para ocupar el lavamanos al lavarse los dientes. Vivir juntos se había vuelto algo cómodo y natural, por lo cual ayudarse uno al otro a prepararse para el día se había convertido en una especie de ritual.
— Su corazón es muy fuerte, casi como un zumbido. — Dijo Itachi mientras con cuidado pasaba el peine por su cabellera azulada. — Mucho más rápido que el nuestro, pero es normal que así sea.
Hinata suspiró y se inclinó levemente hacia atrás apegándose al torso de Itachi.
— Me gustaría poder escucharlo, ¿Cómo… cómo es? — Preguntó con voz de ensueño.
Itachi lo consideró un segundo y comenzó a imitar el sonido de un zumbido, sacándole una risita sincera a Hinata. Se inclinó hacia ella y besó su hombro mientras la abrazaba por la espalda.
— Pronto lo podremos ver. — Dijo esperanzado. Hinata asintió. — En la séptima semana ya es del porte de un grano de arroz.
— Itachi—san… has…¿Has estado leyendo esos libros de nuevo?
—Por supuesto. — Respondió con seriedad. — Debo estar informado.
—Tenemos muy buenos médicos en Konoha. — Alegó Hinata, preocupada de que nuevamente Itachi se estuviese desvelando por leer. — Tsunade-sama dijo que todo está bien por ahora.
—No tomaré riesgos. — Dijo Itachi pasándole una liga negra a Hinata. — Es nuestro hijo o hija después de todo. — Giró y ella lo imitó.
—Está bien. — Suspiró mientras recogía el largo cabello de Itachi. — Pero prométeme que no te desvelarás leyendo nuevamente. Me preocupa tu salud.
—Lo prometo. Intenta reposar y relajarte hoy. No quiero que te canses.
Itachi se puso de pie una vez Hinata terminó de amarrarle el cabello y la miró con seriedad. La joven se encogió entre sus hombros sabiendo que su esposo lo decía en serio. Le había comentado lo cansada que se estaba sintiendo pero no quería que pusiera a Sasuke a limpiar toda la casa por lo cual no había insistido esa mañana en lo mal que se sentía. Estaba casi segura que el hermano de Itachi la odiaría si Itachi le pedía que hiciera los quehaceres por ella.
— Vamos, prepararé el desayuno. — Dijo Itachi estirando su mano hacia ella.
—P..pero… — Se quejó Hinata tomándola, entrelazando sus dedos con los suyos.
—Sin peros. — Le advirtió Itachi con una sonrisa amable.
La joven suspiró y supo que no había espacio para discusiones cuando Itachi usaba ese tono. Era el tono más severo que usaba con ella, y aun así, sonaba cálido. De vez en cuando, le costaba creer que bajo toda esa caballerosidad y gentileza se encontraba el shinobi más letal del Konoha.
Caminaron hacia la cocina luego de vestirse (Itachi con su muy tradicional uniforme jounin y Hinata con su ya conocido buzo holgado).
Aunque no llevaban mucho tiempo viviendo en ese lugar ya había algunos detalles que evidenciaban que ambos estaban formando su propio hogar.
En el jardín junto al pasillo había almácigos con pequeñísimos brotes; Hinata había plantado hierbas y flores para la primavera. Un poco más allá, bajo los árboles, había pilas de hojas amontonadas; Itachi se había encargado de barrerlas.
El pelinegro corrió la puerta cubierta en papel de arroz cuando llegaron a la cocina y se sorprendió de ver a Sasuke despierto, bañado, sentando frente a la mesa y leyendo informes. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando notó lo mucho que se asemejaba a Fugaku Uchiha. No obstante, no fue eso lo que más le llamo la atención, sino la comida servida en la mesa y el café caliente que estaba bebiendo su hermano.
—Veo que despertarte temprano, Sasuke. — Dijo con calma mientras entraba a la cocina. — Espero que hayas recuperado tus fuerzas después de esa misión.
El joven no sacó sus ojos de los informes y tampoco respondió.
—Buenos días. — Lo saludó Hinata con amabilidad, mientras se sentaba.
—Hn. — Respondió Sasuke demasiado absorto en sus propios asuntos como para estar poniéndole atención.
O al menos eso quería aparentar.
Había vuelto de su misión el día anterior y enterarse del embarazo de Hinata lo había puesto de un humor extraño. Itachi estaba casi seguro de que aquella lejanía y hostilidad en Sasuke eran claras señales de que estaba celoso. A pesar de que lo había comenzado a tratar como un adulto, Itachi podía darse cuenta de que su hermano actuaba como un niño cuando se veía enfrentado a algunas cosas. Tenía casi 17 años, pero aún pensaba que las mujeres eran repulsivas y tontas, hacía pucheros cuando las cosas no salían como él quería y se negaba a comer cualquier cosa que a él no le gustara.
— ¿Tú preparaste todo esto, otouto? — Le preguntó Itachi mientras le servía leche a Hinata.
—Ajá. — Respondió Sasuke para luego darle un mordisco a su onigiri.
—Muchas gracias, Sasuke-kun. — Dijo Hinata haciéndole una reverencia.
No recibió una respuesta de parte de él.
Itachi supo que había llegado el momento. Los tres vivían juntos y no estaba dispuesto a tolerar ese tipo de comportamiento durante 9 meses. Cualquier persona le habría dado un sermón, pero Itachi no era de ese tipo. Evitaba los conflictos innecesarios y como el hermano mayor indulgente que era, había encontrado la forma de que Sasuke también pudiese participar de esa etapa en su vida.
Miró a Hinata y ella asintió. Ambos habían decidido lo que estaba a punto de decirle.
—Sabes Sasuke, estábamos pensando… — El menor de los Uchiha levantó la mirada de sus papeles casi con indiferencia. El "estábamos" le provocó un tic en uno de sus ojos. — Nos gustaría mucho que fueras el padrino de nuestro primer hijo o hija.
Hinata sonrió en dirección a Itachi y puso su mano sobre la de él. Ella estaba de acuerdo con eso. Habían acordado que Hanabi y Sasuke fuesen los padrinos de su hijo.
Los ojos de Sasuke se movieron rápidamente a la mano de Hinata que tocaba a su hermano frente a él y el tic de su ojo se volvió más evidente. El ambiente se puso tan tenso que la joven terminó encogiéndose entre sus hombros y retirando su mano. Sólo entonces Sasuke pareció relajar un poco sus facciones.
— ¿Es en serio? — Preguntó sospechoso. — No sé nada de niños. — Miró el vientre de Hinata con algo de resentimiento. — Ni si quiera me gustan los niños.
—No será un niño cualquiera. Será tu sobrino. — Dijo Itachi con una sonrisa. — Me gustaría que si algo nos pasara, tú fueses la persona que cuide a nuestro hijo.
Esperó paciente por la respuesta de Sasuke, quien le dio un sorbo a su café con molestia volviendo sus ojos a sus informes de la Policía de Konoha.
—Lo pensaré. — Dijo irritado, poniéndose de pie y retirándose de la mesa.
Itachi suspiró cuando lo vio desaparecer por el pasillo sintiéndose levemente desilusionado de todo lo que acababa de ocurrir. Estaba esperando un poco más de entusiasmo de parte de Sasuke, pero sabía que aquello sería pedir demasiado de su hermano.
— ¿Le ocurre algo a Sasuke-kun? — Preguntó Hinata un tanto extrañada.
—Piensa que no lo tomaré en cuenta cuando nazca nuestro hijo. — Respondió Itachi sirviéndose un poco de té. — Descuida. Sólo necesita acostumbrarse a la idea.
—¿Crees que es adecuado que se lo hayamos pedido tan pronto? — Lo cuestionó tomando algo de vegetales con sus palillos. — Ni si quiera se me ha abultado el vientre aún.
—Todo saldrá bien. — Le dijo besando su frente mientras se ponía de pie.
Tomó un onigiri y le dio un mordisco mientras caminaba a la puerta de la cocina. Tenía muchas cosas que hacer y lamentablemente no podía perder más tiempo si quería volver antes del anochecer.
—Intentaré volver temprano. – Le dijo antes de cerrar la puerta corrediza.
Y de esa forma Hinata quedó sola en su casa nuevamente.
Sin embargo, tan pronto sintió que Itachi no estaba en la casa se puso de pie y comenzó a caminar en dirección al baño. El olor a pescado en los rollos de arroz le había provocado un asco que no pensó experimentaría.
Apenas alcanzó a llegar y devolvió todo lo que había comido. Ino le había advertido sobre aquello. Sólo tenía que acostumbrarse a la idea de que desde ese momento en adelante, por algunas semanas, ciertos olores y cosas la harían vomitar. Se suponía era normal, pero no por ello se sentía aliviada.
— ¿Estás bien? — La voz de Sasuke la hizo encresparse.
—S-sí… — Respondió nerviosa.
—¿Ne..necesitas que… uhm… necesitas algo? — Sasuke sonaba incómodo.
—N-no es nece..necesario Sasuke-kun. — Dijo mientras una nueva arcada resonaba en el baño.
No volvió a escuchar a Sasuke y se sentía tan mal que sinceramente tampoco se preocupó mucho del asunto. Estuvo más de 15 minutos vomitando, sintiendo que el mundo daba vueltas a su alrededor. Cuando ya no hubo nada más en su estómago, lavó su rostro, sus dientes y salió del baño.
Se sintió completamente paralizada cuando vio a Sasuke parado afuera con algo entre sus manos. Sus mejillas se volvieron tan rojas que pensó se iba a desmayar pero antes de que pudiese reaccionar, Sasuke estiró algo en su dirección.
Cuando bajó la mirada, vio que era té.
—Jengibre. — Dijo sin mirarla. — Itachi me dio un libro anoche sobre… — se aclaró la garganta, dándose cuenta que se evidenciaba ante ella. Sasuke quería parecer desinteresado en todo ese asunto y aún así había pasado toda la noche leyendo. — Como sea.
—Gracias, Sasuke—kun. — Le agradeció Hinata tomando la taza y dándole un sorbo.
De alguna extraña forma, sintió que Sasuke y ella se estaban comportando amigables el uno con el otro. Aquello la hizo sentirse mucho mejor que el jengibre.
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Pasaba media noche y cuando Itachi llegó su casa luego de un agotador día de trabajo. Las luces en todo el hogar estaban apagadas y la oscuridad devoraba el pasillo. Bostezó cansado mientras se sacaba las sandalias; el día había sido exhaustivo y estaba deseando poder acostarse a dormir.
Pasó por la cocina pensando encontrar algo para comer. Hinata solía dejarle un plato de comida dentro del horno cuando llegaba tarde. Con la mano en el borde de la estufa consideró que esa noche prefería comer algo ligero como una fruta; cuando comía muy tarde le costaba conciliar el sueño. Sin embargo se sorprendió que no hubiese ni una sola fruta ya que el día anterior Sasuke había comprado naranjas, manzanas y peras.
Se rascó la cabeza un tanto confundido y terminó tomando un vaso de leche. Lo hizo con lentitud, aprovechando el silencio de la noche. No tenía muchos momentos para disfrutar de cosas tan sencillas últimamente y poder sentarse solo le daba mucho espacio para pensar. Pasaron al menos cinco minutos antes de que se pusiera de pie y comenzara a caminar hacia su habitación.
Pasó afuera del cuarto que Sasuke estaba utilizando, pero al encontrar las luces apagadas y la puerta cerrada supuso que estaría durmiendo. Por un momento deseó que no fuese así, le hubiese hecho bien conversar con su hermano sobre los asuntos que estaban dando vueltas en su cabeza. Sasuke podía ser muy infantil para algunas cosas, pero en otras era comprensivo y muchas veces incluso aportaba con su opinión.
Continuó caminando por el pasillo exterior de su casa hasta que dio con la puerta de su propio cuarto. Se quedó parado frente a la puerta corrediza un momento sintiéndose culpable. Hinata estaba embarazada, seguramente lo necesitaba y él estaba todo el día atrás de pilas y pilas de papeles solucionando los problemas que se generaban en la Villa y sus alrededores, decidiendo los grupos para ser mandados en distintas misiones, recibiendo reportes, inspeccionando asuntos de ANBU y supervisando el correcto desarrollo de la Academia Ninja.
No obstante, sabía que Hinata era el tipo de persona que entendía el orden de prelación de las cosas; solucionar los problemas de Konoha y protegerla iba primero. No podía dejar que algo tan egoísta como su amor por ella lo desviara de sus deberes como el quinto Hokage. Era afortunado de que Hinata fuera su esposa, estaba seguro que cualquier otra mujer en esa aldea (una menos paciente) ya habría hecho alguna escena o comenzado alguna pelea para llamar su atención.
Intentó entrar a la habitación sin hacer sonido, las luces estaban apagadas y el bulto sobre el futón le indicaba que su joven esposa ya se había acostado a dormir. Se detuvo un instante en el umbral observándola en silencio, pensando lo maravillosa que era Hinata por no resentirlo. A pesar que estaba embarazada y que seguramente necesitaba toda la atención del mundo, el único momento que habían compartido en la vida del otro esos últimos tres días había sido cuando dormían y ella no estaba enojada por aquella situación. Era un hombre afortunado y se lo repetía constantemente.
Se retiró su chaqueta verde de jounin y el pantalón para luego acostarse junto a ella procurando no despertarla. Sin embargo, se sintió sorprendido cuando su cuerpo reaccionó con rapidez apegándose a él. Sonrió aliviado cuando los brazos de Hinata lo rodearon y ella se acurrucó contra él.
—¿Estás despierta? — Susurró con ternura.
No tuvo tiempo para preguntarle nada más, pues antes de que pudiese cuestionarla sobre su día los labios de su esposa lo callaron con rapidez. Extrañado, respondió el beso.
Itachi adoraba los encuentros nocturnos con Hinata, le daba la oportunidad para seguir explorándose a sí mismo y también a ella; pese a ello, la desesperación con que Hinata reclamaba su boca lo desconcertaba. Ni si quiera lo había saludado, no le había preguntando por qué tardó tanto o si había calentado la comida, estaba demasiado ocupada acariciando sus labios con una insistencia un tanto inusual en ella. Por un momento se preguntó si esa mujer en la cama era su esposa o no.
—Hi… ¿Hinata-sa…? — Intentó llamarla en la oscuridad.
No pudo terminar su frase pues otro beso lo calló. No era un beso suave e inocente, sino más bien demandante. La lengua de Hinata separó sus labios y la sintió introducirse en su boca. La tibia saliva lo hizo sentir cosquillas en el estómago y pronto su confusión pasó a segundo plano dejándose llevar por el ritmo que, curiosamente, ella imponía.
Se inclinó hacia adelante y la empujó contra el futón, mirándola a los ojos un momento. Se sintió sorprendido cuando notó que las manos de Hinata se aferraban a su remera de red y comenzaban a levantarla para sacársela por encima de los hombros.
—¿Hinata-san? — Preguntó atónito cuando su torso quedó desnudo y ella ya iba por su ropa interior. — ¿Qué…?
—Por.. por favor… Itachi-san… — Murmuró la joven entre besos húmedos.
Ni si quiera pudo llegar a términos con lo que sucedía cuando la peliazul tomó su mano y la puso entre sus piernas, presionando sus dedos contra su piel. Un escalofrío recorrió a Itachi. Nunca pensó encontrarse con ese tipo de erotismo y sensualidad en ella. La miró dubitativo, incapaz de entender del todo lo que estaba ocurriendo mientras Hinata movía sus manos contra su sexo. Fue entonces que entendió la suplica en sus ojos y un nuevo escalofrío lo recorrió.
Había leído que las hormonas ponían de un extraño humor a las mujeres durante su primer trimestre de embarazo, pero nunca esperó que su angelical Hinata fuese a caer víctima de su propia fisonomía.
—Por… por favor… Itachi-san…
Fue él quien la besó en ese momento.
Por lo general intentaba mantenerse lo suficientemente lúcido cuando se trataba de su intimidad por miedo a perderse a sí mismo y terminar siendo brusco o agresivo con ella. Todo ese tema era bastante nuevo aún y lo que menos quería era lastimar a Hinata. Cada vez que habían estado juntos de esa manera se había preocupado de ser lo suficientemente suave al comienzo para que ella se pudiese acostumbrar al roce, asegurándose que no la estaba lastimando. Por otro lado, las caricias de la joven eran siempre tan delicadas y gentiles, que no le provocaban ese deseo carnal de arrasar con su cuerpo, sino más bien mimarlo y consentirlo lentamente, disfrutándolo hasta que ya no pudiese más.
Sin embargo, no hubo juegos previos esta vez. No esperó mucho para separar las piernas de Hinata y acomodarse contra ella. Entró en su cuerpo de una vez y con rapidez, olvidándose por completo de cualquier cosa en su mente, cegado por su instinto y aquella vocecita que siempre e recordaba que debía tratarla como una dama.
Sintió las yemas de su esposa enterrarse en su espalda mientras arqueaba el cuerpo hacia él y sintió que desfallecía por sentirla así bajo el peso de su cuerpo. Un prolongado gemido salió de los labios de Hinata, pero él se aseguró de callarla con un beso. Pronto se encontró a sí mismo luchando por respirar mientras los movimientos se intensificaban y las manos de la joven se posaban en sus glúteos apegándolo incluso más a ella. Fueron las propias caderas de Hinata las que se movieron hacia él, apresurándolo, como si tuviese una comezón que sólo él podía aliviar. Ella le estaba pidiendo más, ella lo necesitaba, ella le había suplicado que la tomara de esa forma. Sin saber qué hacer, Itachi sólo siguió su impulso de poseerla.
Nunca antes imaginó que siendo tan poco delicado podría encontrar ese tipo de placer. Estaba tan húmeda que no encontraba resistencia alguna para entrar en ella de esa manera.
De pronto notó que Hinata estaba conteniendo su respiración, no como si tuviese problemas para respirar, más bien era como si se hubiera olvidado de hacerlo. Antes de que pudiese preguntarle qué le sucedía sintió como el interior del cuerpo de la joven se contraía alrededor de su erección.
La presión contra su sexo lo hizo terminar casi instantáneamente. Ni si quiera le importó el fuerte quejido que dejó salir, pues mientras aquello ocurría en él… algo parecido estaba pasando en Hinata. De los labios de su esposa escuchó el gemido más erótico que había escuchado en su vida y por un segundo siguió penetrándola con fuerza con el deseo de que no se detuviera. Quería seguir escuchándola, quería memorizar ese sonido y repetirlo en su mente hasta el cansancio. Era como si estuviera en una terrible agonía que sólo ella parecía disfrutar.
La besó en los labios, sintiendo como temblaba aferrándose a él. El cuerpo de Hinata estaba tensándose por completo y lentamente, con cada gemido, se iba relajando un poco más, como si estuviese desfalleciéndose bajo él.
Pronto aquellas convulsiones pararon y las manos que se aferraban con tanta fuerza a su cuerpo se comenzaron a relajar. Intentó recuperar el aliento aún sobre ella mientras Hinata miraba el techo con un gesto entre asustado y maravillado. El silencio volvió de a poco a la habitación mientras ambos permanecían abrazados, demasiado incómodos y cansados como para hablarse.
Cuando pasaron cinco minutos sin que ninguno dijera nada, Itachi se apoyó sobre el futón con las manos y se levantó de la posición en la que se encontraba para sentarse sobre la cama. No obstante, sus párpados se elevaron cuando Hinata se sentó junto a él, cubriendo su torso con las sábanas. Se miraron un momento, sin saber qué decir, ella sonrojada, él un tanto nervioso.
—Lo siento… — Murmuró Hinata sin mirarlo. — Yo… yo…
— ¿Por qué me pides disculpas? — Le preguntó Itachi subiendo el rostro, mirándola casi con severidad.
—Nunca antes yo me había comportado de ésta forma… — Dijo con dificultad. — No es digno de… de…
—Hinata. — La interrumpió rápidamente cuando notó que se le estaba quebrando la voz. — Respira profundo. Inhala y luego exhala. Cálmate. No hay motivos para que reacciones de esta forma.
—¿Qué me está pasando Itachi-san? — Le preguntó con los ojos llorosos.
—Estás embarazada. Es normal que tus hormonas… — Dijo él un poco divertido, secándole el sudor de la frente. — Descuida.
—Lo lamento tanto. — Dijo cubriéndose el rostro con ambas manos. — Estoy tan avergonzada.
Itachi tomó el dedo índice de la mujer y lo levantó levemente para que ella pudiese verlo a través de la abertura de sus manos. Encontrarse con sus ojos perlados lo hizo sonreír con ternura.
—No lo estés.
—¿No estás decepcionado conmigo? — Le preguntó juntando sus cejas en un gesto adorable.
—Claro que no. Hinata-san. Siento que… conocí una nueva faceta en ambos. Eso es parte de amar a alguien. Espero seguirte conociendo mientras pasen los años. — Puso una mano sobre sus hombros y Hinata se acurrucó contra su costado.
—¿Y si lo que encuentras… al conocerme… no te gusta? — Le preguntó mordiendo sus propios labios.
—Vas a tener que confiar que nuestro lazo es lo suficientemente fuerte para que pueda amar incluso los peores defectos en ti. — Le besó la punta de la nariz. — Te he confiado algunas de las peores cosas que he hecho o pensado hacer, cosas que le quitarían el sueño a cualquiera… y tus sentimientos por mí no cambiaron, ¿Verdad?
—Nunca podrían cambiar. — Dijo ella sonriéndole un poco más calmada.
—Entonces te pido que me des la misma cortesía. Si hay algo malo en ti, no por ello dejaré de sentir lo que siento. — Hinata asintió e Itachi respiró un poco más tranquilo. Se alegraba de ser mayor que ella, podía ver las situaciones de forma distinta gracias a su edad. — ¿Sucede algo más de lo que quieras hablar? ¿Hay algo molestándote?
—Uhm… Itachi-san…
—¿Sí?
—Uhmm… este… yo… ahmm… t-tengo hambre… — Itachi no pudo evitar sentirse divertido por la forma en que sus mejillas se volvían completamente rojas. — ¿Sabes si quedaron naranjas en la cocina? Muero por comer naranjas…
El último capítulo de Love Is T.T
Sasuke siendo Sasuke pero mostrando que cuidará de lo que es de su hermano, eso fue tan lindo de su parte
Vaya encuentro pasional jejeje
me sigo maravillando de la manera en la que manejas sus personalidades